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Catholic Diocese of Rochester, New York

"One body though many parts"

"Un cuerpo aunque muchas partes"

 

 

El movimiento Eucarístico de la Misa

  

          Si alguien tuviese un video de la Misa durante los primeros años de la Iglesia, sería un documento historial valioso, de acuerdo al Padre John M Scott, S.J. en su libro Nuestra “Nueva” Misa.

          Él dice que estaríamos especialmente interesados en ver la procesión del Ofertorio. Si la hubiéramos visto, nos hubiésemos dado cuenta que las mujeres habían horneado el pan en sus casas y los hombres hacían el vino de las uvas de las viñas… Estas ofrendas expresaban la dedicación de sus vidas hacia Dios. Ellos presentaban estas ofrendas hechas por sus manos al sacerdote en la Misa para que fueran consagradas en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

          Hoy, mientras el pan y el vino ofrecido en la misa no son personalmente hechos por nuestras manos, aún así, como en el tiempo de la Iglesia primitiva, significan que nos entregamos a Dios. Estas ofrendas de pan y vino y lo que hacemos con ellas identifican fuertemente lo que somos llamados a ser al celebrar la Misa… ¡Mientras presentamos y ofrecemos el pan y el vino para ser transformado, somos también llamados a presentarnos y ofrecernos a Dios para que seamos transformados también!

          Le presentamos y ofrecemos al Señor todo lo que somos y hacemos, al igual que todo sobre nuestras vidas: nuestras alegrías y tristezas, nuestras bendiciones y malos momentos, nuestras sorpresas y disgustos… Todo lo que nos hace feliz y contentos y todo lo que nos deprime y nos desespera. Le damos y presentamos al Señor a todos los que amamos: nuestras familias y amistades, y todos los que sufren. En la Misa, le ofrecemos todo esto y cualquier sufrimiento que tengamos y lo unimos con la muerte y resurrección salvadora de Nuestro Señor Jesucristo.

          Sabemos que Jesús se entregó y continúa entregándose completamente por nosotros. Jesús está intercediendo por nosotros ahora mismo. En la misa de una manera especial, nosotros tenemos acceso a esta increíble realidad espiritual. ¡Mientras celebramos la Misa, entramos a ser un sacrifico eterno de Jesucristo – como si lo sucedido en el Calvario y en la Pascua estuviese pasando ahora mismo y estuviese lavando sobre nosotros inmediata y directamente! ¡Y dentro de nosotros también!

          La Misa hace esta realidad presente. ¡El mismo Amor y Poder derramado en el Calvario es derramado sobre nosotros ahora mismo! ¡Si sólo pudiéramos absorber esta verdad mis hermanos y hermanas en Cristo! …¡El mismo Amor y Poder derramado en el Calvario está siendo derramado sobre nosotros ahora mismo mientras celebramos la Misa!

          Después que el pan y el vino son preparados, presentados y ofrecidos a Dios, la Oración Eucarística comienza. Empieza con este saludo: “¡El Señor esté con ustedes!” Ustedes han sido saludados de esta manera ya dos veces – al comienzo de la Misa y antes de la aclamación del Evangelio. ¿Entonces porque repetimos esto a mitad de la Misa?

…Porque necesitamos orar con mucha más intensidad ahora, y necesitamos la ayuda de Dios.

          Estamos invitados a: “¡Levantar nuestros corazones!” … ¡Es la única manera que podemos absorber lo que va a pasar. Entregándole nuestro corazón – la esencia de lo que somos – al Señor!

          Se nos dice y nos recuerdan que nuestra respuesta y la manera que nosotros vivimos nuestras vidas entera debería ser: “¡Dándole gracias a Dios!”

          Este comienzo de la Oración Eucarística nos dirige por invitación a juntarnos literalmente con los Ángeles y Santos mientras ellos adoran al Padre Todopoderoso, y lo alaban en este mismo momento en los Cielos. Así que con ellos cantamos y aclamamos: “Santo, Santo, Santo…!”   En este momento de la Misa, es como si el tiempo y espacio se estuvieran unificando y no hubiese ni separación entre el cielo y la tierra, entre el tiempo y la eternidad. Somos uno con la hostia celestial y estamos presente – Estamos todos envueltos adorándolo, amándolo y dándole gracias a nuestro Dios Maravilloso todo al mismo tiempo…Y en unidad exclamamos y alabamos: “Santo, Santo, Santo…!”

          Al corazón de la Oración Eucarística están las palabras de la consagración. Dense cuenta del cambio del tenso del verbo. La primera parte está en el pasado, de estilo de cuento: “En la noche que iba ser entregado, tomó el pan le dio gracias y lo bendijo…”

          Pero cuando llegamos a las palabras que Jesús habló esa noche, nos movemos al presente: “Este es mi Cuerpo…”, “Esta es mi Sangre…” ¿Por qué? …Porque como Católicos Cristianos nosotros creemos que Cristo verdaderamente se convierte presente en este momento. El está literalmente aquí… En Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. El pan y vino ya no son pan y vino. ¡Bajo lo que aparenta ser el pan y vino es realmente, verdaderamente y literalmente EL!

          Mientras le ofrezco el pan y vino a Dios de parte de nosotros y digo las palabras de consagración sobre ellos, soy solamente un representante de Cristo. Actúo en el Nombre del Señor Jesucristo, pero, El es el verdadero Sacerdote. Es siempre Cristo quien se ofrece por nosotros en cada Misa y se nos presenta ahora mientras celebramos lo que ya pasó en el Calvario hace dos mil años atrás.

¿Qué hace la Misa tan sagrada? Como dice el Padre John M. Scott, S.J,

‘En este banquete sacrificado, Cristo es la Víctima ofrecida y el Sacerdote quien ofrece la Víctima.

          Es Cristo quien es a la misma vez el Sacerdote que Ofrece el

Sacrificio y el Sacrificio Mismo.

Cristo Sacerdote, ofrece el Sacrificio que es El MISMO!”

 

          Eventualmente durante el Rito de Comunión en la Misa, Nuestro Señor que literalmente ha venido a nosotros y está en nuestro altar, añora ser consumido por nosotros.

          Durante la vida de Jesús en la tierra, aquellos que tan solo tocaron la costura de sus vestimentas fueron sanados inmediatamente. Pero en realidad, el Señor no solo quiere que lo toquemos a Él y a Sus vestimentas, ni tampoco quiere simplemente tocarnos  e instruirnos e inspirarnos…

          ¡La verdad es que Dios quiere y desea aún más! ¡Dios quiere ser uno con nosotros! ¡El amor que Dios nos tiene no solo reta – sin no que sobrepasa cualquier deseo, o anhelo humano por mas afecto y amor que tengamos!

          ¡El Amor de Dios por nosotros es feroz! El Amor de Dios no se satisface en mantenerse externo o afuera de nosotros. Dios mismo desea unión con nosotros – Dios desea ser parte de cada tela de nuestro ser – ser completamente absorbido, convirtiéndose parte de lo que somos.

          Me encanta la manera que Padre John Scott explica este deseo por Dios…aquí les cuento parte de lo que él dice:

          “Piénsenlo como un hombre que está enamorado… A tal hombre, un nombre le suena en su corazón haciéndolo temblar de alegría… Un nombre que grita por su mente y resuena mil memorias de alegría. Una cara está marcada en sus pensamientos. Cada onza de su ser vibra con alegría a ser uno en el espíritu con ella que es para él la vida misma. Su existencia total la rodea a ella que es su sol y luna y el centro de su universo.

          El devora su cara e imagen arreglándola en su mente para que la pueda poseer para siempre… En su propia mente ella camina pacifica y silenciosamente. En su mente está grabado el sonido de su voz, el movimiento de sus manos, la paz en sus ojos, y más que esto, una extraña maravilla que no puede sacarla de su mente. Misterio y ternura, fuerza y éxtasis, todo esto y una esencia rara y extraña que le acuerda del cielo.”

 

¡MIS AMIGOS, ESA ES LA MANERA EN QUE DIOS PIENSA DE NOSOTROS!

 

El Padre Scott cita al Padre Walter Farrell, O.P. que en su libro “Un Compañero a la Suma” dice,

          “…El amor no estará satisfecho con mera posesión, ni con el mero placer de esa posesión; va más allá y busca perfectamente a asimilarse con el objeto, a penetrarse a su profundidad…”

Padre Scott continúa y luego cita a San Pedro Canicies…

          “¿Por qué hablamos de alguien estando “ardiente de amor?” La respuesta es sencilla. El fuego no solamente aspira la unión con lo que lo abraza sino que también busca transformarse con lo que lo abraza. El amor hace lo mismo. San Pedro Canicies escribió, “Al igual que le sucede a un carbón, que se transforma y se convierte en fuego, igualmente con la recepción de la Eucaristía nos convertimos de una manera maravillosa en Cristo, somos hecho participes de su naturaleza divina y crecemos de alguna manera a ser hermanos y hermanas de sangre con Jesus que es nuestra Cabeza.”

          ¡Wow! ¡No ven queridos hermanos; la celebración de los misterios de la Misa es la celebración de los misterios de Amor mismo! Primero, Dios nos da a si mismo. Luego nosotros nos entregamos a Dios y luego el se nos entrega de manera mas profunda, intima y apasionada.

          ¡Es un “Fuego” mis hermanos! Cuando recibimos la Santa Comunión, estamos recibiendo “Fuego “Fuego”… Fue el “Fuego” que transformó a Carlos de Foucald quien vivía una vida completamente indisciplinada y salvaje – cuando el fue convertido instantáneamente en la Misa cuando el sacerdote elevó el Cuerpo de Cristo, la Hostia Consagrada…Fue el “Fuego” de la Santa Comunión diaria que le dio al Padre Damian la fuerza para soportar las condiciones despreciables en la que vivían los leprosos quienes el atendía…Era el mismo “Fuego” que le dio a Asunta Goretti la habilidad de perdonar el hombre que mató a su hija de doce años, María, mientras intentaba violarla…¿Cuántos otros cuentos podremos narrar? ¡Muchos – un número infinito!

          ¡El “Fuego” de Jesucristo en la Santa Comunión ha transformado a millones y millones de almas! ¡Cuando reciben la Santa Comunión, están recibiendo ese “Fuego”! Están recibiendo ese “Fuego” de la Estrella Brillante de la Mañana… ¡Están recibiendo ese “Fuego” que es la “Calefacción Ardiente de Caridad” que es el Sagrado Corazón de Jesus!...Están recibiendo ese “Fuego” que solamente le pertenece a el Rey de Reyes y el Señor de Señores… ¡No hay otro Fuego como ese! ¡Ninguno con su Intensidad, Poder y Efecto!

          Es por tal razón que estamos preparados para recibir la Santa Comunión de una manera santa. No la desperdiciemos. Si necesitamos confesarnos, vamos y nos confesamos… ¡Cuando nos acercamos en la fila de Comunión estamos alertos, atentos y enfocados en lo que estamos haciendo y a Quien vamos a recibir! Hemos estado ayunando de comida y bebida al menos una hora antes. ¡No hay nada mas en nuestra boca y nada en nuestras manos incluyendo guantes! Recibimos a Jesus reverente y en oración y luego regresamos a nuestros bancos – concentrándonos solamente en El Quien acabamos de recibir y estamos dejando que su Fuego nos queme por dentro.

          Si hemos recibido a la Santa Comunión de una manera digna, un gran intercambio está sucediendo entre nosotros y el Señor… Antes de que la consagración se lleve a cabo, puse una gota de agua en el cáliz de vino y yo oré, “Por el misterio de esta agua y vino, que podamos compartir en la divinidad de Cristo que se humilló para compartir en nuestra humanidad.”

          En el tiempo después de la Comunión, el poder de este misterio se suelta en ustedes – La Divinidad le está penetrando.

          Santa Teresa de Lisieux, en su autobiografía, La Historia de un Alma, lo describe como ser besado. Les narro lo que ella dice sobre su Primera Comunión:

          “Ah! ¡Que dulce fue ese primer beso de Jesus! Fue un beso de amor; Me sentí amada y dije: “¡Te Amo y me entrego a Ti para siempre! No hay demandas hechas, no hay luchas y no hay sacrificios; por mucho tiempo Jesus y la pequeña Teresa se miraban y se entendían. Ese dia no fue una simple mirada, fue una fusión, ya no eran dos, Teresa se había desaparecido como la gota de agua se desaparece en el inmenso océano. Jesus permaneció solo; El era el Maestro, el Rey. Ella se sentía tan débil y frágil que quería mantenerse unidad para siempre con la Fuerza divina. Su alegría era muy granda y muy profunda para ella poder contenerse… toda la alegría del cielo había entrado a su corazón.”

          No hay duda que Teresa compartía la alegría del Salmo de hoy (103).

          “Bendice Señor, mi alma y todo mi ser, Bendigan su Santo Nombre.

          Bendice Señor, mi alma y no olvides sus beneficios!”

Deberemos experimentar lo mismo a través de los movimientos espirituales de la Misa. Verdaderamente, esta es mi oración para ustedes, para mí y para todos nosotros…que la conciencia de lo que sucede mientras celebramos estos Sagrados Misterios juntos aquí en Santos Apóstoles nos llene de un espíritu poderoso y alegre que exalta:

“¡Bendice Señor,

Mi Alma y todo mi ser

Bendice su santo Nombre!

¡Bendice Señor

Mi Alma y no olvides

Todos Sus beneficios!